Vampiros: La verdad detrás del mito

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Vampiros: La verdad detrás del mito

Se han escrito ríos de tinta sobre vampiros (y hasta los simpson se burlaron de eso). Por eso, como estoy inaugurando mi blog, quise empezar a hablar del tema desde un enfoque distinto: ¿Cómo era realmente, para la gente común de la edad media, creer, realmente creer como si fuera una realidad objetiva, en seres que se levantaban de la tumba, para beber la sangre de los vivos? He recopilado aquí algunos datos que me parecieron de lo más interesantes:

Psicópatas y asesinos seriales:

Lo primero que me viene a la mente, son los casos más conocidos de gente de esta calaña, que fueron confundidos con vampiros. Ya es super conocido el caso del príncipe Vlad Tepes, que utilizaba métodos extremadamente brutales (aún para la época) para mantener el orden, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Aunque fue Bram Stoker quien hizo esa asociación. La que sí tuvo comportamientos vampíricos, es la menos conocida Elizabeth Bathory. Hablaré de ella con más detalle en otro post. Por ahora dejémoslo en que le gustaba invitar a mujeres jóvenes a su castillo e inventarles agujeros nuevos. Usa tu imaginación.

Comportamiento extraño o extravagante:

Pasa el tiempo y no evolucionamos: Así como hoy los freaks sufren discriminación, en esa época, se creía que las personas que se comportaban de una forma sospechosa, eran o se convertirían en vampiros al morir.

Deformidades físicas:

Muy relacionado con el punto anterior, aquellas personas que nacían con algún tipo de condición médica, se creía que se convertirían en vampiros al morir. Era una mala época para tener padres que eran hermanos.

Enfermedades:

En este apartado, tenemos tres puntos: Por un lado, existieron enfermedades, ya erradicadas, (como la tuberculosis) que producían síntomas “compatibles” con vampirismo: piel pálida (anemia), hipersensibilidad a la luz solar (conjuntivitis), pulso débil e inestable, tos con sangre… Esta gente perdía la salud lentamente, como si alguien se las estuviera extrayendo…

Por otro lado, muchas enfermedades eran contagiosas y, si un miembro de la familia se enfermaba, todos lo harían eventualmente. Esto los hacía pensar que el primero en morir se había convertido en vampiro y se estaba alimentando de sus familiares.

Otra cosa que provocaban las epidemias era enterramientos rápidos, desprolijos, al ras del suelo. Había tanta gente que enterrar, que no se hacía de la forma adecuada. A veces se enterraba un cuerpo encima de otro, perturbándolo. Esto producía que los huesos se mezclen o que partes del cuerpo salgan a la superficie. De nuevo, esto hacía pensar que el cuerpo se había movido.

Proceso de descomposición:

Aquí es donde la cosa se pone realmente creepy. En aquella época se ignoraba mucho sobre cómo funcionaba el proceso de descomposición de los cadáveres: La piel se seca, contrayéndose y haciendo que parezca que el cabello y las uñas han crecido. El rigor mortis, en realidad, dura un cierto tiempo. Luego los músculos se relajan y, si la persona murió en una posición no muy amigable con la gravedad, era posible que el cuerpo se moviera. También es común que la boca se abra o sangre. Los labios podían cambiar de color también. En fin, cosas que hacían parecer que el muerto había bebido sangre.

Y aquí va lo más espantoso:

Como parte del proceso, se generan gases. (Por cierto, un cadáver hinchado por los gases, también hacía pensar que estaba bien “alimentado”.) Dicen (y yo no quiero averiguar si es cierto) que si uno presiona el pecho de un cadáver inflado, los gases salen por la boca, pasando por las cuerdas vocales y produciendo, así, un sonido nada agradable. De aquí proviene la costumbre de utilizar estacas. El cine lo muestra de una forma para nada realista. O sea, las balas no lo dañan, pero le clavás un palito en el pecho y adiós vampiro. Come on!

La gente de la época perseguía un objetivo mucho más modesto: la estaca era, simplemente, para asegurar el cuerpo a la tierra, para que no se levante. Pero claro, muchas veces, al clavar la estaca en un cuerpo hinchado, básicamente, lo hacían… gritar. ¿Y cómo le explicás a esa gente que eso no es el vampiro lanzando un último grito de agonía? A veces, para mayor seguridad, se colocaban piedras sobre la tapa del ataúd.

Hubo un caso en que el cadáver ya estaba en los huesos y, como no tenía sentido la estaca, se les ocurrió reorganizar los huesos. Tiempo después, otra gente exhumó el cuerpo y se encontraron con que los fémures estaban cruzados. Se cree que la gente que lo hizo pensó que de esa forma, el vampiro no podría moverse.

Otra medida común, era exhumar el cuerpo y trasladarlo a una isla desierta ya que, se creía que los vampiros no podían cruzar agua salada.

Lo más sorprendente de todo, es que, algunas de estas creencias, todavía persisten hasta el día de hoy, en algunas sociedades rurales.


Aquí un video que lo explica todo con más detalle:


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